Escribe tu libro en 30 días con Power Write – DÍA 1

Este vídeo es un complemento de la obra POWER WRITE – Escribe tu libro en 30 días.

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AUTOR: Rubén Chacón Sanchidrián – SÍGUEME EN INSTAGRAM: @coach_literario

Tu propósito motivador

Escribe tu libro en 30 días con Power

Prepárate, porque hoy comienza para ti una aventura apasionante de desarrollo personal y profesional repleta de dudas y dificultades. Seas consciente o no, acabas de embarcarte en un navío que te transportará, a lo largo de las próximas 30 jornadas, a través de una ruta épica de la que, si bien podemos prever por dónde discurrirá, ignoramos por completo cuáles serán los obstáculos a los que tendrás que hacer frente, quiénes serán tus aliados y quiénes tus rivales, o si obtendrás finalmente la recompensa que tienes en mente u otra completamente distinta…

Las únicas dos cosas que sí sabemos de esta gesta que estás a punto de protagonizar es que hoy empieza y que nunca acaba. Durante su recorrido, habrá más de una ocasión en la que sentirás que la perseverancia es insuficiente, que la paciencia se te agota y que la llama de tu pasión está a un soplido de apagarse. Por todas estas razones, necesitarás una brújula que te marque el camino adecuado en todo momento. Una Verdad auténticamente tuya a la que aferrarte en momentos de crisis y que sea tu norte. Y esa brújula –esa Verdad tuya y de nadie más– es tu Propósito motivador.

Power Write: tu libro en 30 días

¿Cuál es tu deseo personal?

Escribe tu libro en 30 días con Power

Durante el año 2012, Sergio Fernández y yo, organizamos numerosas partidas para enseñar a cientos de fans de El Sorprendedor cómo se jugaba a Sorprendedores, el juego de mesa que estimula al emprendedor que todos llevamos dentro. Aquellos encuentros se convirtieron en verdaderos eventos de networking, llenos hasta la bandera de personas interesadas en averiguar por qué Sorprendedores se había convertido en uno de los juegos de mesa españoles más vendidos en ese año. ¿Quieres saber qué convertía a nuestro juego en una experiencia tan fascinante…?

A todo el mundo le gusta aprender y experimentar de forma lúdica. ¿Qué duda cabe…? Y, en ese sentido, Sorprendedores es una simulación sencilla y realista, pero muy divertida, del mundo de los negocios. Y aunque la mayor parte de los que jugaban a Sorprendedores se podían pasar horas montando negocios exitosos, invirtiendo en acciones en empresas de otros jugadores, o acumulando mucho dinero y karma con el que transformar el mundo, cuando concluíamos las partidas y preguntábamos a los participantes cuál había sido su momento preferido del juego, todo el mundo coincidía en lo mismo: el instante inicial durante el que cada uno elegía su Deseo Personal, su POR QUÉ y su PARA QUÉ.

Porque en Sorprendedores (como también debería ser en la vida real) la creación de empresas exitosas no es el objetivo, sino solo el camino para conseguir nuestra verdadera meta: materializar nuestros sueños. Por eso, al principio de la partida, cada jugador tiene que hacer un ejercicio introspectivo para identificar cuáles de todos los Sueños propuestos por el juego se aproxima más a su Propósito motivador. Y, en función del Deseo Personal que escojan, sienten que todo cambia. Porque desde el mismo comienzo de la partida, queda patente que el éxito de todos y cada uno de los negocios que los jugadores pueden generar, está supeditado a la consecución de un objetivo mayor y más profundo (que el mero hecho de ganar dinero): EL PROPÓSITO.

Porque cuando tienes claro tu Propósito, TODO CAMBIA.

Escribe tu libro en 30 días con Power

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¿Qué tipo de “pescador” eres?

Escribe tu libro en 30 días con Power

A lo largo de este libro –como te recomendaré que hagas tú con el tuyo y con tus propios lectores–, me serviré de múltiples historias para “pintar” en tu cabeza lo que deseo trasmitirte y, sobre todo, para no hacerlo de una forma impositiva ni directiva. De modo que seas tú quien extraiga de dichas historias su parte de verdad, seas capaz de sopesarlas críticamente y deduzcas hasta qué punto son o no aplicables en tu propia aventura. Permíteme pues que comience con una historia que mi buen amigo, Rubén Turienzo, me regaló poco antes de publicar POWER WRITE.

Un buen día, durante una de las pausas que hacíamos para comer, mientras estábamos inmersos en el proceso de creación de los tres primeros volúmenes de Zoolítica, mi tocayo me habló de que el joven doctor Lang había escuchado cientos de veces la historia del gran pez del lago Puketoing. Al parecer se trataba de una carpa real que rondaba los cuarenta kilos de peso y el metro veinte de longitud. Sin embargo, y aunque muchos pescadores habían visto al “viejo James” –que era como llamaban a la asombrosa criatura–, ninguno había sido capaz de atraparlo.

Años de intentos frustrados en cientos de profesionales de la pesca, habían conseguido que el carisma de la carpa llegase a tal nivel que nadie en los alrededores de Puketoing quisiera atraparlo, dejando tan cuestionables deseos a los foráneos del lugar y a los intrépidos turistas.

¡Eso es que se han dado por vencidos! –decía el joven doctor Lang cuando alguien le comentaba el pacto entre pescadores. –¿Quién es su sano juicio no querría capturar una pieza así?

            Durante semanas estuvo planeando todo lo necesario para poder disfrutar de unas maravillosas jornadas de pesca. Pudo pedir los días libres necesarios, se liberó de responsabilidades para poder dedicarse por completo a su pasión, buscó la mejor equipación, se informó de la situación del lago, la temperatura del agua, el tipo de cebo, buscó dónde hospedarse cerca del marjal, el alquiler de la barca…, todo lo necesario. Pero el día antes de partir, se dio cuenta de un detalle fundamental: su antigua caña no podría con el peso de tan fornido animal, así que buscó una buena tienda de cañas de pescar y decidido a comprarse una, se dirigió al dependiente:

Querría una caña de pescar que me valiese para capturar carpas de cuarenta kilos.

El hombre de mediana edad que aguardaba tras el mostrador comenzó a reírse tras la ocurrencia del joven para, tras unos segundos y una disculpa, replicar:

¿Y piensa usted pescar muchas carpas de cuarenta kilos?

¿Cómo dice? –preguntó asombrado Lang. –Pescaré las que me encuentre.

–Perdone que le pregunte, pero… ¿Qué tipo de pescador es usted?

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No existen pescadores “normales”

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Realmente el doctor no supo cómo contestar a eso, ya que la única experiencia que tenía eran los días de pesca con su padre hacía ya algunos años, así que respondió airadamente:

–Pues un pescador normal, quiero una caña normal, para poder pescar una carpa de cuarenta kilos. He leído todo lo necesario, me he preparado y tengo todas las herramientas apropiadas para pescar una carpa de cuarenta kilos.

–Querido amigo, no existen los pescadores “normales –trató de explicar pacientemente el vendedor. –Cada pescador necesita un estilo de caña, las hay para personas tranquilas, para metódicos, para personas con excelentes dotes técnicas… No quiero incomodarle, pero si usted quiere pescar una carpa de ese tamaño necesitará que la caña se adapte perfectamente a usted, independientemente de lo que haya usted estudiado.

–Entiendo que, si debe aguantar ese peso, me debo llevar aquella naranja, robusta y gruesa de ahí –dijo Lang, señalando a una formidable caña de pescar expuesta sobre uno de los mostradores.

–Y ahora comprenderá la pregunta anterior –suspiró el dependiente. –Ya que, con sus hombros y brazos, no creo que pueda aguantar esa caña durante horas, si fuese necesario, ni siquiera un tirón fuerte.

–No me subestime. He decidido pescar al gran pez y aguantaré días si es necesario –se quejó Lang malhumorado mientras abonaba el precio de la caña que se le había metido entre ceja y ceja.

Aun podía recordar la sonrisa del dependiente cuando, al día siguiente y con todos los aperos necesarios para la jornada, chapoteaba con sus nuevas botas de pescar el agua del increíble lago Puketoing.

–Hoy pescaré al viejo James –se dijo. Y, tras echar la barcaza al agua, extendió la caña y comenzó a esperar.

Unos metros más allá, pudo ver cómo desde una gabarra cercana, un intrépido compañero sacaba un hermoso pez dorado, pero Lang se decía, “es bonito, pero no es el viejo James”.

Apenas habían pasado unos minutos, cuando la persona de la barca de al lado volvió a sacar otro pez similar al anterior. La confianza de nuestro amigo comenzaba a mermar, pero volvió a buscar la autocomplacencia con un “no es el viejo James”.

Transcurrían las horas y, mientras que su cebo no se inmutaba, el del molesto vecino esporádicamente sacaba una de esas piezas doradas que ya tanto comenzaban a cabrear al joven doctor. Al finalizar la tarde, sacó la barcaza del agua y coincidió, mientras limpiaba la caña, con el afortunado compañero de la gabarra cercana.

¿Ha habido suerte? –preguntó.

–La suerte me llegará cuando capture al viejo James –contestó Lang.

–Seguro que es usted un buen pescador –dijo mientras metía en su nevera de transporte al menos nueve piezas de dos kilos cada una. –Mañana será otro día.

Y, efectivamente así fue: a la mañana siguiente todo comenzó de nuevo.

Hoy pescaré al viejo James –se dijo el doctor Lang. Y volvió a echar su barcaza al agua, mientras veía que a lo lejos ya se encontraba el pescador del día anterior. A lo que Lang pensó: “si me acerco lo suficiente, seguramente el viejo James se alimentará de los peces que él saca y eso me acercará a pescarle”.

Pero, pasadas unas horas, la historia se repetía. Mientras una de las cañas no dejaba de sacar unos fabulosos peces dorados, la robusta y anaranjada caña de Lang permanecía inmóvil e impasible. El joven doctor, abandonó un poco antes de lo esperado su puesto y, mientras limpiaba de nuevo su caña, el otro pescador se le acercó y le dijo:

–Toma compañero, que parece que hoy tampoco ha habido suerte –al tiempo que le tendía una excelente pieza.

–Gracias, pero no. He venido a pescar solo al viejo James y así lo haré.

–Está bien, lo comprendo. No se preocupe, es usted un buen pescador y mañana será otro día.

Pero esa noche, Lang no pudo dormir. Repasaba mentalmente lo que había leído en internet, sacaba los apuntes de los libros de pesca y se repetía una y otra vez “si tengo todo lo necesario, mañana no puede fallar nada”.

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Tú también eres un buen “pescador”

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Algo cansado, pero con una ilusión enorme, a la mañana siguiente echó su barcaza al agua del fantástico lago antes que ningún otro mientras pensaba:

–Seguro que así consigo llegar antes a mi presa y no le asusta mi competencia. –Y, mientras se repetía una vez más su determinante frase, se adentró en el lago. –Hoy pescaré al viejo James.

Una hora después, vio que se acercaba la gabarra de los días anteriores, cuyo ocupante no dejaba de extraer hermosas piezas del lago. Incapaz de contenerse por más tiempo, Lang accionó sus remos y se aproximó a ella. Había una pregunta que se había hecho toda la noche y no tenía respuesta.

Disculpe, ¿puedo preguntarle algo? –dijo amablemente. –Cada tarde, al despedirnos, usted saca aproximadamente una decena de bellas piezas doradas y yo no consigo atrapar al gran pez que he venido a buscar. Sin embargo, usted me repite que yo soy un buen pescador.

El compañero le miró sorprendido y le dijo:

–Bueno, al menos viste como un buen pescador, lleva una equipación de primera calidad, utiliza una caña realmente fantástica y, cuando le veo prepararse, siempre está comprobando los datos en sus manuales. Si no fuese un buen pescador, ¿por qué iba a utilizar todo este material?

El joven doctor se quedó perplejo mirando su reflejo en las aguas del lago Puketoing y comprendió que, por muchas herramientas que hubiera obtenido, por muchos conocimientos que creyese que tenía, o incluso por mucho que cuidase su apariencia, él había hecho caso omiso a la pregunta esencial: ¿Qué tipo de pescador eres?

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Libro cambiavidas con POWER WRITE y Rubén Chacón

Conócete a ti mismo/a

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Muchos somos los autores que ofrecemos nuestras herramientas y enseñanzas a otras personas para que con ellas lleguen a lo más alto. Sin embargo, no todas lo consiguen. Algunos por falta de disciplina, otras por un error en la aplicación y otras incluso porque no son las apropiadas. Pero si hay un fallo insalvable ese es el de comenzar tu aventura literaria sin conocer qué tipo de escritor o escritora eres.

Por muy claro que tengas el objetivo, por muy desarrollado que tengas tu plan de negocio o identificadas las herramientas necesarias. Aunque sepas alternar escenarios e intentes pescar al viejo James acercándote o alejándote, en soledad o en compañía… Convéncete de una cosa: si no sabes quién eres, nunca podrás llegar todo lo lejos que quieras. Si no sabes qué tipo de pescador eres, nunca conseguirás capturar al viejo James. Incluso nunca sabrás si la estrategia de pescar un solo gran pez es la realmente eficaz.

Más de diez años acompañando a profesionales en el lago del Coaching Literario y decenas de obras publicadas después me llevan a afirmar que no existe mejor forma de conocerse que escribiendo un libro. Un buen libro. Un libro cambiavidas, que transforme la existencia de cientos (o incluso miles) de personas, comenzando por la tuya.

Exprimir plenamente una obra como la que a continuación vas a disfrutar y sacar de ella el mayor provecho posible requiere un primer planteamiento; debes saber quién eres y lo más importante, cómo eres. Y ojalá enfrentarse a eso fuese sencillo.

Nadie dijo nunca que el resultado que esperamos nos lo fuesen a regalar. Pero quiero que, con esta pequeña historia introductoria, tengas al menos algunas fórmulas que te ayuden a ello.

Conócete a ti mismo/a”. Los siete sabios se encargaron de imponer esta conocida inscripción en el frontispicio del templo de Delfos. Y es, evidentemente, una pieza fundamental del pensamiento clásico. Muchos filósofos han intentado enarbolar sus matices y reflexionar sobre ella, desde Sócrates y Platón, hasta Confucio, o el autor de El Arte de la Guerra, Lao-Tsé.

Nada más lejos de mi intención entablar aquí una complicada retórica filosófica. Por eso me gustaría exponer una segunda parte menos conocida de la inscripción que mi maestro, Juan Carlos Cubeiro, me regaló el día de la presentación de El Sorprendedor: nada en exceso.

Y aquí volvemos al punto principal de esta humilde introducción. ¿Quién puede ser consciente de que está abusando de algo, o de que realmente se está excediendo? Simplemente aquellos que se conozcan.

Entonces, recojamos la caña anaranjada, aparquemos el emblema del oráculo de Delfos y pongámonos a trabajar.

Como veremos, a lo largo de POWER WRITE nos convertiremos en auténticos potenciadores del cambio y en personas capaces de controlar nuestro conocimiento, haciendo de nosotros mismos una gran marca. Nuestra actitud y conducta serán nuestro mayor escaparate, pero antes, deberemos seguir los pasos oportunos.

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Primer paso: mirarse al espejo

A toda persona le cuesta pararse a mirarse detenidamente frente al espejo. Incluso aquellas que más se quieren, no soportan examinarse detenidamente frente a su imagen sin comenzar a sacarse defectos, fallos o elementos que podrían mejorar. ¡Y eso que normalmente somos más benévolos con nosotros que con quien nos rodea!

Haz la prueba el próximo día que salgas de la ducha e intenta examinar tu cuerpo durante apenas tres minutos, verás lo que digo.

Y, ¿por qué nos cuesta? Simplemente porque tenemos una idea de nosotros ya preestablecida en nuestra cabeza. Y el espejo, en algunas ocasiones, nos devuelve a la realidad de una manera brusca y sin contemplaciones.

Pero no dejaremos que nuestro reflejo nos domine, ni nos apabulle. Somos dueños de nuestro reflejo, así que comencemos a eliminar las creencias que hemos establecido y conozcamos de verdad cómo somos.

Para ello, suelo recomendar escribir una pequeña biografía de unas diez líneas en las que se preste mayor atención a las emociones que a los datos curriculares (y que nos vendrá de perillas para la solapa de tu próximo libro cambiavidas). Procura terminarla con una descripción de los cinco adjetivos que crees que te identifican positiva y negativamente. Intenta que impere la objetividad y la autoexigencia. Algo que, en mi caso, quedaría más o menos así:

Siempre he sido un joven inquieto y curioso. Cuando era pequeño, si mis padres, profesores o mayores me regañaban, siempre me sentí inclinado a cuestionar sus argumentos y a explicar el porqué de mis actos. Y, por más que ellos tratasen de reconvenirme, no podían dejar de escudriñar que en mi discurso siempre imperaba la lógica. Y que, quizás (solo quizás) lo ilógico era acatar la norma sin ponerla a prueba. Reconozco que, en ocasiones fui demasiado obstinado y muy terco. Y he pagado un alto precio en mi vida por ser como soy. Afortunadamente los años han ido puliendo mi obstinación transformándola en perseverancia y en obsesión por la excelencia. Sé que, en ocasiones, mi forma de pensar y de exponer claramente mis objetivos pueden llegar a confundirse con soberbia o autosuficiencia. Y que mi ambición (siempre sanamente entendida) choca con el conformismo de la mayoría de las personas.

Me considero un amante de la belleza. De La “Grande Bellezza”, como diría un personaje de Paolo Sorrentino. De ahí quizás mi tendencia a la idealización, a la nostalgia y a un romanticismo calmo, sin excesos, que a día de hoy ha devenido en un auténtico mimo por los detalles y una lealtad extrema por las personas que me importan. Los que me conocen y trabajan conmigo siempre me califican como una persona cercana, trabajadora, creativa, proactiva y muy sociable. Pero también reconozco que soy algo ácrata, irreverente y me gusta cuestionar lo obvio.

Una vez terminada recuerda que esa carta es el conjunto de creencias que tienes de ti y desarrolla un perfil de quién crees que eres. Pero ha llegado el momento de enfrentarlo al espejo. ¿Quién nos hará de espejo? Las personas que ven ese reflejo normalmente; familia, amigos, pareja…

Enséñales de manera individual tu pequeño escrito y pídeles que corrijan sobre el texto (sin borrar nada del original) o que añadan su percepción a los adjetivos finales. Cuantas más personas participen, más clara será tu percepción del conjunto de proyecciones.

Una vez terminado, recoge toda la documentación y estudia detenidamente cada escrito, cada palabra e intenta ver qué actitud tuya pudo provocar que la persona concreta lo escribiera. Descubrirás qué elementos que inicialmente no reconocías de ti, están presentes en tu personalidad y, por tanto, forman parte fundamental de lo que eres. Recuerda: si otros lo perciben es porque tú lo proyectas.

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Segundo paso: calibrar los valores

Nos hemos aproximado un poco más a nuestra personalidad. Y ha llegado la hora de analizar cuáles son los valores fundamentales y los pilares sobre los que sustentamos nuestra personalidad.

Te recomiendo que hagas un listado y escojas solo cinco valores o principios básicos. Contrástalos con los que proyectas y nunca elijas alguno “porque sería bueno ser así”. Céntrate en los que tienes ya y podrás potenciarlos hasta perfeccionarlos, pero nunca impongas o persigas un valor que no sea realmente tuyo.

La creación de tus valores va en perfecta consonancia con quién eres realmente, no con quien te gustaría ser. Te convertirás en quien tú quieras si consigues potenciar los valores escogidos entre los que ya formen tu personalidad y sobre los que puedas trabajar.

Recuerda que esta decisión nunca puede ser externa, si no que necesitarás un tiempo para reflexionar sobre ti y sobre cómo eres. Para ayudarte, te escribo varios términos o valores que pueden ayudarte en tu selección, aunque evidentemente ya tendrás un buen material, gracias al obtenido en el primer paso.

Proactividad, objetividad, coherencia, sacrificio, desprendimiento, magnanimidad, sensibilidad, optimismo, crítica constructiva, flexibilidad, comunicación, amor, sobriedad, servicial, liderazgo, voluntad, superación, serenidad, autoestima, paciencia, compromiso, laboriosidad, sencillez, responsabilidad, amistad, libertad, respeto, tolerancia, carácter, alegría, comprensión, autenticidad, confianza, sinceridad, lealtad, generosidad, dar y darse, felicidad, perseverancia, valentía, empatía, sociabilidad…

Así podríamos pasarnos horas escribiendo, pero como pequeña ayuda creo que ya puede servir de complemento a lo que ya habíais escrito en el primer ejercicio.

Ahora comprueba y selecciona tus cinco virtudes fundamentales y haz lo mismo con tus cinco debilidades básicas o elementos a mejorar. Te servirá preguntarte a qué no puedes renunciar en tu vida, qué crees que es básico que la gente perciba de ti o incluso, cómo debería ser una sociedad mejor y en qué podrías tú mejorarla.

Muchas serán las dudas de si lo que queremos hacer, o si nuestro reflejo e interior están alineados. Y, con eso, descubrir si nuestro auténtico perfil está definido. De modo que ha llegado la hora de ponerse a prueba.

            Una vez escogido tu listado, vuelve a pedir opinión a las personas que te ayudaron en el primer paso y, aunque algunas añadirían o eliminarían alguno, busca el consenso global. No te justifiques ante tu selección y recibe con un simple “gracias” cada opinión externa. Una buena lección de humildad la que estamos sufriendo, ¿no es así…?

El resultado será algo como esto:

Valores positivos:

“Influyente, generoso, buen comunicador, creativo y optimista”.

Valores a mejorar:

“Excesivamente idealista, demasiado exigente y autosuficiente”. 

Un consejo, si me lo permites, no desperdicies tu tiempo corrigiendo los elementos a mejorar, si no potenciando los valores positivos. Eso te convertirá en una persona brillante. Y, por tanto, te acercará a tu plenitud. Si realmente te esfuerzas por tus valores, ellos brillarán hasta el punto de cegar tus debilidades.

Llegados a este punto, déjame que te felicite de nuevo, porque estás mucho más cerca de saber qué clase de “pescador” eres.

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Tercer paso: integridad y perseverancia

Ahora ya estás mucho más preparada/o para disfrutar de este magnífico manual sobre el arte de escribir un libro cambiavidas, ya que comienzas desde una posición nueva, desde la verdad del autoconocimiento. Sabes quién eres, cómo te ven y cómo quieres que te vean los demás. Pero no basta con eso. Además, debes ser íntegra/o con tu realidad y perseverar ante los contratiempos.

Sé fiel a quien tú eres, no hace falta que te arrimes a otras barcas que sí que pescan, porque quizás no estéis buscando el mismo objetivo. Tampoco el cambiar de rumbo o buscar allí donde no haya otras barcas si recibes un pequeño revés o si te cuesta más de lo que habías pensado. Hay que trabajar cada día y perseverar. Algo básico para alcanzar el éxito.

Como le pasó a nuestro joven amigo, el doctor Lang…

El último día de pesca, Lang decidió entender la situación: dejó todo el material innecesario en el coche y, echando la barcaza al agua, se dijo:

–Hoy voy a disfrutar de un día de pesca.

Esa mañana su compañero de los anteriores días no apareció, así que Lang decidió concentrarse más en los movimientos del agua, en los bancos de peces, en los sonidos que rodeaban el lago Puketoing… En los días anteriores, no se había detenido en esos detalles, una verdadera lástima perderse tanta información y tanta belleza.

Cuando de repente, un fuerte tirón acabó con su cuerpo dentro de las profundidades del lago. Perplejo al ver cómo el “viejo James” le arrastraba hacia las profundidades y cómo se alejaba de la superficie y de la barcaza, Lang decidió soltar su fabulosa caña anaranjada y comenzar a subir a la superficie ante el riesgo de morir ahogado.

Y fue entonces cuando sucedió algo maravilloso.

Lang abrió los ojos cuando apenas quedaban un par de metros para llegar arriba y respirar. Y pudo observar que se encontraba cara a cara con la gran carpa que, mirándole a los ojos, le preguntó:

–¿A qué has venido?

Lang, no se lo podía creer, el pez le estaba hablando directamente, pero sin entender cómo ni por qué, solo acertó a contestar algo asustado:

–He venido a encontrar al gran pez…

El “viejo James” quedó unos segundos mirándole a la cara y parecía incluso que podía sonreír. Dio una vuelta sobre el cuerpo del joven doctor y entonces le dijo:

–No lo entiendo. Hasta ahora siempre había pensado que el pez más grande del lago era yo. Sin embargo, ahora te miro y compruebo que tú tienes más años que yo, que tú eres más grande y que tú, por supuesto, eres más pesado que yo… Ahora tú eres el gran pez. Así que espero que hayas conseguido encontrarte.

RECUERDA:

  • Enfréntate al espejo,
  • Recoge tus valores,
  • Mira a tu objetivo a la cara con integridad y perseverancia.

Si lo haces, dispondrás de todo cuanto habías venido a buscar.

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IKIGAI: El secreto japonés para una vida larga y feliz

Que Japón es el país en el que la gente vive más años (84 de media) es algo que no necesitamos que refrende la OMS, porque casi todo el mundo lo sabe. Ahora bien, parece que los nipones no solo son unos maestros en vivir mucho tiempo; también lo son en ese extraño arte de llegar a mayores conservando intactas las ganas de vivir. En 2016, Héctor López y Francesc Miralles, escribieron un libro, que emocionó a un cuarto de millón de lectores, y en el que desvelaron al mundo el secreto japonés para una vida larga y feliz. Los habitantes de Okinawa, la localidad en la que se concentra la mayor cantidad de centenarios del mundo, lo llaman IKIGAI, que podría traducirse como “razón de ser”.

Libro cambiavidas con POWER WRITE y Rubén Chacón

IKI en japonés significa VIDA.

GAI, por su parte, hace referencia al VALOR de algo.

Así pues, la etimología de IKIGAI se refiere al VALOR de la VIDA.

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Cuatro preguntas para que encuentres tu IKIGAI

Tómate un minuto (y, si puede ser una hora, mejor) para cerrar los ojos y respirar profundamente. Sumidos como estamos en la vorágine del día a día, detectar nuestro IKIGAI no es que sea difícil; es casi imposible. Para tratar de averiguarlo, te propongo que te plantees cuatro preguntas (que encontrarás en el TURBO PROPULSOR del DÍA 1 dentro del cuadernillo de POWER WRITE):

  • ¿Cuál es mi elemento?

En 2009, Sir Ken Robinson definió El Elemento como aquel donde confluyen las cosas que nos encanta hacer y las que se nos dan bien. El Elemento es el punto de encuentro entre nuestras aptitudes naturales y nuestras inclinaciones personales; lo que fortalece el sentido de identidad y mejora nuestro bienestar. Si te has sentido en tu salsa durante el confinamiento y te estresan las multitudes, tu IKIGAI estará más vinculado con actividades recogidas e intimistas. Si, por el contrario, te encanta rodearte de personas y sentirte el centro de atención, tu IKIGAI se encuentra más en el atril de una sala de conferencias o de un aula.

  • ¿Con qué actividades se me pasa el tiempo volando?

Hacer lo que nos gusta nos llena de energía y vitalidad. Se trata no solo de una energía física, sino mental e, incluso, espiritual. En su bestseller, Robinson nos habla de LA ZONA como el lugar más profundo del Elemento. Cuando estás en tu zona es cuando realmente eres consciente de que aquello que estás haciendo te apasiona y te llena de energía. En LA ZONA es donde eres más tú que en ningún otro sitio. De ahí que, cuando transitas en ella, te vuelvas más audaz.

  • ¿Qué me resulta fácil hacer?

Tras sufrir un durísimo revés de la vida, mi amiga y clienta Raquel Sánchez de Benito, decidió abandonar su exitosa carrera como consultora informática, para dedicarse a aquello que más fácil y placentero le resultaba: escuchar y ayudar a los demás. Necesitaba reconciliarse con la vida dedicándose a hallar dentro de ella su IKIGAI y poniéndolo en valor. Actualmente es una de las coaches más reputadas de España en tratar a Personas con Alta Sensibilidad.

  • ¿Qué es aquello por lo que incluso pagaría con tal de volverme todavía mejor?

Y no me vale que me digas que no lo sabes: todos y todas sin excepción venimos de serie con un termómetro bajo la piel. Y, ¿sabes para qué sirve…? Pues para ponernos los pelos de punta cada vez que estamos haciendo lo que nos mola, lo que nos flipa, lo que sencillamente es superior a nosotros. Porque más que hacer un esfuerzo por averiguar QUÉ ES LO QUE NOS “PONE”, hay que lograr casi una proeza para NO darse cuenta. En serio te lo digo: hace falta mucha fuerza de voluntad y mucha autodisciplina para refrenar lo que nos conmueve, para hacer como que no sabemos lo que verdaderamente nos fascina, para ponernos a nosotros mismos la venda en los ojos y hacer como que no sabemos por qué lo tiraríamos todo por la borda con tal de vivir la vida a tope. Ahí tienes un letrero luminoso que te indica CUÁL ES TU CAMINO. Ese es, como diría Sir Ken Robinson, TU ELEMENTO.

¿nos vemos en los comentarios?

Me gustaría conocer tu opinión acerca de este artículo y qué te ha parecido.

 

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