El miedo vende

Este pasado fin de semana asistí con mis hijos a la exposición de la Fundación MAPFRE sobre el fantástico trabajo del fotógrafo Lee Friedlander. Realmente recomendable.

A mitad del recorrido más o menos, me enfrenté a la fotografía que -no me importa reconocerlo- más me impactó. Quizás por su acongojante carácter premonitorio y, al mismo tiempo, paradójico. Pues en esta imagen, captada por Friedlander en 2012, aparecía Donald Trump, antes de ser proclamado como presidente de los EE.UU., retando al mundo -su gesto pistolero a lo John Wayne, no deja lugar a la duda- a demostrar con pruebas fehacientes que lo que él decía no era cierto.

PROVE IT! Nos exhorta, dándole la vuelta a la tortilla a la carga de la prueba. Algo que aún nos sonaba a chiste. Pero a lo que lamentablemente nos hemos tenido que acostumbrar a lo largo del último lustro: no a que el que vende (humo) demuestre con pruebas que lo que dice se sostiene, no; a que los demás demostremos con pruebas que el que vende (humo), en realidad, está retorciendo el argumento para aprovecharse de nuestra ingenuidad y explotando nuestros mayores temores…

Son tantos ya los “vendeburras” que, al caloret de las sucesivas crisis, se han dedicado a vampirizar los últimos ahorros de víctimas de EREs, prometiéndoles una formación “milagrosa”; tantos los carroñeros que han visto entre los expolios una oportunidad para darse un festín de cuervos, que desgraciadamente hace tiempo que no sólo ha dejado de indignarnos su falta de ética, sino que hasta se ha llegado a poner de moda como sistema de venta basado en una suerte de Síndrome de Estocolmo, en el que induce en la pobre “víctima” la obligación moral de corresponder a su “secuestrador”, aviniéndose a “pagar” la tarifa que le ha sido propuesta, a modo de “rescate emocional”.

Y esto me hizo pensar en el último e-mail que había recibido por parte de uno de los profesionales a los que yo más admiro, Omar de la Fuente. Porque Omar representa ese tipo de persona y de hombre de negocios en las antípodas de Trump. Y, por tanto, al que yo quisiera -como dicen los coaches– modelar.

Son muchas las razones por las que, a menudo, empleo con mis propios clientes el ejemplo de Omar:

  • por su honestidad,
  • por la integridad y la coherencia de su Propuesta de Valor,
  • por liderar una comunidad fantástica de profesionales que confían en él (y hacen bien) para crecer…
  • Pero, sobre todo, porque Omar hace un empleo exquisito del e-mail marketing para hacer todo lo contrario que el resto de expertos a cuyos boletines electrónicos estoy suscrito: NO EMPLEAR EL MIEDO PARA VENDER.

Me impactó y me emocionó mucho recibir este e-mail. Y más aún frente a la foto de su némesis. De ahí que hoy haya sentido la necesidad de rendir homenaje a una forma de ser y de estar en el mundo. Pero, sobre todo, a una forma de promocionar y hacer crecer un negocio desde la nada más absoluta hasta convertirse en un mentor imprescindible para cientos de profesionales a los que sirve de guía y, entre los cuales, me incluyo.

Les dejo con el gran Omar. Que ustedes lo disfruten…

Hoy quiero hablarte de Donald Trump.

Joder que bajonazo nada más empezar, entendería que te den ganas de cerrar el email.

Pero escucha.

Más que de él, quiero hablarte de por qué llegó una persona así a ser Presidente de los Estados Unidos y qué lección podemos aprender de ello.

No sé mucho de política.

Y menos, de política internacional.

No esperes un análisis pormenorizado de sus datos de campaña, promesas electorales para mejorar el PIB de su país ni nada de por el estilo.

Simplemente te cuento mi teoría.

Yo pienso que Donald Trump llegó a presidente por el miedo de la gente.

Ojo, no por el miedo que le tuvieran a él, claro.

Me refiero el miedo de las personas al futuro y a los problemas. Básicamente.

¿Qué hacía este señor en 2016 durante su campaña electoral?

Pues tres cosas:

– Pintar un futuro muy negro para el país (esto va sin segundas)

– Poner sobre la mesa los problemas reales de los ciudadanos.

– Inventarse más y peores problemas de los ciudadanos. Con un par.

¿Y qué consiguió con esto?

Que la gente tuviera miedo. Más del que ya traía de casa.

Conclusión: llegó el momento de votar y la mayoría eligió a un lunático que les prometía levantar un muro para que no se les comieran los inmigrantes. Entre otras lindezas.

Bravo, EEUU.

Ironías a parte, lo que está claro es que a la gente le mueve más el miedo que la ilusión.

Y esto le lleva a tomar decisiones impulsivas y poco racionales.

Ocurre parecido con el emprendimiento online.

Me explico.

Cuando una persona se queda en paro y ve cómo está el panorama con la pandemia y todo el copón de la baraja… lógicamente, le entra el miedo.

Y si desde ese miedo y esa necesidad, comienza una web a loco, la ostia está asegurada.

O peor aún.

Se nos apunta a una formación milagrosa cambiavidas con sus últimos ahorros.

Mucho cuidado.

Sea cual sea tu situación ecónomica y laboral, ten siempre los pies en la tierra.

Si es muy crítica, busca un trabajo por cuenta ajena YA y déjate de emprendimientos.

Lo que necesitas es dinero, ahora, para comer y pagar tus cosas mínimas.

Y una web no te dará eso para mañana.

Si tienes algo de colchón y quieres darle caña a una idea proyecto online, sin necesidad de vender el coche o pedir una segunda hipoteca de la casa:

>> Titaneswarpress.com

Un saludo.


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